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Para el #MuscleMonday de hoy presentamos a los músculos Abdominales.

Ubicados en la región anterior del tronco, se dividen en Transverso Abdominal, del cual ya hablamos en una edición anterior, oblicuo externo, oblicuo interno y recto del abdomen.

El oblicuo externo se origina en las superficies externos y bordes inferiores de las ocho últimas costillas, mientras que se dirigen diagonalmente hacia abajo y hacia delante para insertarse en la línea alba y en la mitad anterior de la cresta ilíaca a través de la aponeurosis abdominal.

El oblicuo interno posee una forma de abanico, lateralmente sus fibras convergen en el ligamento inguinal y en la cresta ilíaca mientras que medialmente se insertan en el arco del púbis., mientras que por arriba sus fibras se originan en los cartílagos de las cuatro últimas costillas. Por arriba y hacia adentro sus fibras se originan en la línea alba.

El recto del abdomen se origina en los cartílagos de las costillas cinco, seis y siete, mientas que por abajo se inserta en el púbis. Sus fibras suelen estar divididas por tres o cuatro intersecciones tendinosas transversales, lo que lo hacen conocido como los “cuadritos”.

La función de todos los músculos abdominales en su conjunto se asocia principalmente con una actividad de estabilidad del raquis. Los oblicuos aumentan la presión intraabdominal teniendo alta influencia en las funciones de micción, defecación, el parto y la espiración forzada, en tanto que su contracción unilateral favorece la inclinación y la rotación del tronco. El recto del abdomen actúa como motor principal de la flexión del raquis en la columna dorsal y lumbar. Con el origen fijo, el recto del abdomen realiza una tracción sobre el pubis que genera una rotación posterior de la pelvis (retroversión pélvica) cuya consecuencia es un aplanamiento de la columna lumbar (rectificación lumbar).

En los ejercicios de fuerza, todos los músculos abdominales juegan un papel fundamental en la estabilidad del tronco; por ejemplo al realizar las sentadillas o el peso muerto.

Los síntomas de la lesión de los abdominales pueden generar mucha confusión respecto a su origen. El análisis de la influencia visceral puede ayudar a esclarecer el origen del dolor. Para esto en ocasiones ha de ser necesario la intervención del médico.

Las posturas inadecuadas, el estrés, los traumatismos y las enfermedades viscerales son las mayores causas de aparición de puntos gatillo en los abdominales. Los ataques de tos severa también pueden contribuir.

El tratamiento se puede abordar a través de maniobras respiratorias que involucren el diafragma y las costillas, la inhibición de los puntos gatillo y un buen programa de reposo deportivo inicial que pueda introducir la actividad física y ejercicios específicos de manera progresiva. Si existen virus que favorezcan la tos o el estornudo, se deben tratar inmediatamente para evitar mayor acción muscular y el consecuente aumento de la presión intraabdominal. El vendaje neuromuscular (kinesiotape) pudiera ser de ayuda.

 

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